Restaurar los medios de vida de los productores de coco en Filipinas





Datos clave

El coco es uno de los cultivos más importantes en Filipinas, siendo el segundo mayor productor de coco del mundo. Después de que el Tifón Haiyan (denominado a nivel local “Yolanda”) golpeara al país en noviembre de 2013, se estima que 44 millones de árboles resultaron dañados o destruidos, afectando a alrededor de 1 millón de productores de coco. En respuesta, la FAO implementó el Programa de sistemas agrícolas basados en el coco, que formaba parte del Plan Estratégico de respuesta al Tifón Haiyan de la Organización, de 39,7 millones de USD, con el objetivo de atender las necesidades de recuperación de las familias campesinas afectadas. A través del programa, se diseñaron actividades para permitir a los productores de coco en pequeña escala plantar cultivos comerciales de hortalizas a corto plazo y cultivos anuales para proporcionar fuentes alternativas de subsistencia a la vez que se integraban tecnologías agrícolas climáticamente inteligentes. Desde la identificación de las necesidades específicas de las comunidades agrícolas productoras de coco a la implementación de los proyectos, la FAO trabajó en colaboración con el Departamento de Agricultura, la Autoridad Filipina del Coco (PCA, por sus siglas en inglés), el Departamento para la Reforma Agraria, el Departamento de Medio Ambiente y Recursos Naturales, la Comisión Nacional para los Pueblos Indígenas y las unidades gubernamentales locales para apoyar los sistemas agrícolas basados en el coco.

Al proporcionar medios de vida alternativos a la agricultura basada en el coco en las comunidades seleccionadas, el programa ayudó a restablecer la producción agrícola, incrementó el acceso a semillas alternativas certificadas y materiales de siembra de calidad, mejoró las variedades agrícolas y las razas de animales e introdujo nuevos métodos de agroecología.
Introducción del concepto de agricultura en curvas de nivel
El camino de la recuperación no ha sido fácil para Marcelina Calvez, de 52 años, y su marido, que se dedican a la agricultura en Palompon, Leyte, desde hace más de 30 años. Tienen siete hijos y, al igual que muchos productores de coco, no son propietarios de sus tierras. Incluso antes del tifón Haiyan, la media hectárea de árboles de coco que cultivaban no era suficiente para satisfacer las necesidades de su familia.

“Después de Yolanda, hemos perdido nuestro medio de vida pero aun así teníamos deudas que pagar”, explicó Marcelina. “Lo más difícil estaba siendo tratar de ganar dinero para alimentar a mi familia”.
La restauración de los medios de vida y la creación de resilencia de los productores de coco fue una consideración primordial tras el paso del tifón, y esto significaba proporcionar a los agricultores una fuente estable de sustento alternativa que pueda mantenerse incluso con recursos limitados de tierra y capital.
En respuesta, la FAO y sus socios establecieron  129  sitios con Técnicas de agricultura en zonas de ladera (SALT, por sus siglas en inglés) para permitir a las comunidades dependientes del coco plantar hortalizas y otros cultivos comerciales para complementar sus principales cultivos como coco y maíz. Al plantar cultivos a corto y medio plazo y cultivos permanentes, los agricultores son capaces de obtener fuentes alternativas de subsistencia y hacer uso de las tierras improductivas bajo las plantaciones de coco.
Los sitios fueron establecidos en las zonas afectadas por Haiyan de la Región VI y VIII y se llevaron a cabo cursos de formación en el establecimiento y mantenimiento de los sitios con las organizaciones comunitarias y cooperativas de agricultores.
“Es un trabajo duro, pero es mucho mejor que nuestra forma tradicional de agricultura”, asegura Marcelina, que es miembro de la Cooperativa Polivalente de Agricultores Liberty. “Ahora podemos lograr más productividad en estas zonas de colinas que no creíamos que se pudiesen cultivar”.
La SALT (también conocida como la agricultura en contorno o en curvas de nivel) se adoptó en estas áreas, ya que es un método ecológico de agricultura de tierras altas y en contorno desarrollado específicamente para pequeños campesinos con pocos aperos, poco capital y terrenos agrícolas limitados. Para enfatizar aún más la importancia de la adopción de tecnologías agrícolas climáticamente inteligentes, se estableció una explotación SALT de demostración por municipio y se utilizó como sede de escuelas de campo sobre agricultura climáticamente inteligente.
Establecimiento de escuelas de campo de agricultura climáticamente inteligente
A través del mismo programa, la FAO estableció 68 Escuelas de Campo de agricultura climáticamente inteligente y llevó a cabo varias sesiones de capacitación y formación en el extremo sur de la isla de Mindoro. La isla resultó particularmente afectada por el tifón y muchas personas que viven en esta remota región montañosa pertenecen a tribus indígenas que ya eran muy vulnerables antes del tifón, con poca resiliencia en términos de seguridad alimentaria y productividad agrícola.

El proyecto introdujo el concepto de integración de la resilencia  ante el clima y la diversificación de los cultivos, además de proporcionar nuevos métodos de agroecología, monitoreo de la meteorología y prácticas mejoradas de manejo del suelo y de las plagas. También equipó a los agricultores en el cultivo en callejones y la producción de hortalizas.
Antes  del Tifón Haiyan, muchas tribus indígenas participaban en la agricultura kaingin (agricultura de corta y quema), un método agrícola tradicional que ha llevado a la deforestación en las regiones montañosas del sur de Mindoro. “No habíamos pensado que nuestra forma de cultivar afectaba al clima hasta que asistí a la escuela de campo para agricultores”, señala el campesino y líder tribal del grupo indígena Mangyan Hanunuo Manuel Orosa, de 67 años.
“Hemos aprendido cómo cultivar en terrenos montañosos utilizando las curvas de nivel, de modo que se conserva la fertilidad del suelo y se asegura la salud de las plantas”, continúa Manuel con entusiasmo. “Puedes plantar una amplia variedad de cultivos en una granja de contorno, como hortalizas, maíz y arroz”.
La formación culminó con la elaboración y presentación de planes de sostenibilidad agrícola por los participantes, lo que ha permitido a campesinos como Manuel tener más confianza en la forma en la que  pueden seguir maximizando el uso de sus tierras.
“La formación me ha enseñado a  utilizar la tierra de forma continua y esto es de gran ayuda no sólo para mí y mi familia, sino también para nuestra tribu y la comunidad”, concluyó Manuel.
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