Innovación, inteligencia colectiva y sector ovino en México


Innovación, inteligencia colectiva y sector ovino en México
El presente artículo plantea la necesidad de impulsar innovaciones sociales y tecnológicas en el mundo rural en general y el sector ovino en particular, dentro de un marco de colaboración y cooperación (inteligencia colectiva), capaces de  orientar hacia procesos de diversificación productiva y comercial, ligados a una inclusión social, basados en sustentabilidad, rastreabilidad, conservación y uso racional de los recursos naturales.
Luis Hochstein Kumez1, Víctor M. Castaño2
El presente artículo plantea la necesidad de impulsar innovaciones sociales y tecnológicas en el mundo rural en general y el sector ovino en particular, dentro de un marco de colaboración y cooperación (inteligencia colectiva), capaces de  orientar hacia procesos de diversificación productiva y comercial, ligados a una inclusión social, basados en sustentabilidad, rastreabilidad, conservación y uso racional de los recursos naturales.
1. Introducción
La economía mundial constituye un todo interdependiente y dinámico. La actual crisis financiera debilita y altera algunas variables estratégicas: el flujo de remesas hacia las economías nacionales, la restricción del crédito, reducción de la inversión extranjera y nacional, pobre crecimiento en el sector agropecuario y el bajo consumo per cápita de la carne ovina (Beristain et al., 2011). 
La innovación, en general, no es sólo el producto de la investigación aplicada, eficiente y rentable, intensiva en capital, sino principalmente el resultado de la creatividad social y del surgimiento de la inteligencia colectiva (Levy, 2004). Debido a la complejidad y a la heterogeneidad de  territorios y productores, actualmente no existe un sistema robusto que permita responder, de manera oportuna y adecuada, a las demandas del mercado, para lograr así enfrentar exitosamente los desafíos, requiriendo de un diálogo intercultural y un juego de patrones variables, por lo que deben fomentarse mecanismos que permitan el diálogo abierto e intercambio de ideas y experiencias, un interaprendizaje,  la creación de puentes entre los avances de la ciencia y los conocimientos locales que promuevan el saber hacer (Jara, 2009).
La innovación sostenible es esencialmente un proceso de creación e inteligencia colectivas, que surge de las proximidades de los contactos y de la capacidad de negociación. El conocimiento local existe, aunque los mismos actores que integran la comunidad no estén conscientes de esa capacidad. Todas las prácticas que traducen reacciones culturales a las demandas del entorno expresan saberes acumulados (Rivera, 2012, Gereffi 2015).
Las empresas locales podrán mantenerse en los mercados, sólo si desarrollan conocimientos y utilizan tecnologías con mayor velocidad que su competencia, pero dentro de redes de cooperación. Se requiere que la “alta dirección” tome decisiones estratégicas en el corto plazo para activar los cambios en los ambientes internos, definir nuevas prioridades, escuchar las demandas de los segmentos sociales “invisibles”, facilitar que emerjan las sinergias que posibiliten potenciar los esfuerzos y nuevos productos (Jara, 2009). 
2. Innovación
Las demandas de innovación son complejas y generalmente superan a la dimensión tecnológica. En otras palabras, no basta con transferir tecnologías validadas a los pequeños productores, para que incrementen su nivel de productividad. Se requiere proporcionar capacitación de tal manera que se les permita ganar densidad y calidad de tejido social, apoyar el proceso de asociatividad, a través de técnicas de inteligencia colectiva, para hacer posible que economías aglomeradas emerjan, ampliar y fortalecer la creación de cadenas de valor, que sean sostenibles, competitivas e incluyentes (Beristain, 2011). 
Una innovación tecnológica que no considere la preservación de la identidad cultural, la generación de empleo, redistribución de la renta, perspectiva de género, deberá ser cuestionada por insostenible y excluyente (Jara, 2009).
El aumento de la productividad sustentada en la innovación tecnológica es un componente que posibilita la competitividad en las empresas. Los mercados competitivos favorecen en primera instancia a las unidades productivas de mediano tamaño, vinculadas a cadenas de valor con buenas perspectivas de crecimiento. Las técnicas aplicadas tienden a  asegurar mayor regularidad y homogeneidad de la oferta y calidad del producto (Alvarado, 2007, Jara, 2009).
3. Cadena de valor
La cadena de valor, debe ser entendida como un modelo conceptual, que permite medir y gestionar los efectos de la innovación sobre el valor de la empresa, mostrando variables de entrada y salida, para posteriormente dimensionar el impacto sobre el valor económico agregado, debido a cada uno de los cuatro tipos de innovación clasificados y definidos por la OCDE; producto, proceso, mercadotecnia y organización. Los cuales son considerados como una estrategia que permite impulsar el crecimiento y rendimiento financiero al ser un factor determinante en la consecución de utilidades (Rivera, 2012).
Abarca en forma integral todos los actores de una determinada actividad, desde la investigación y desarrollo de los insumos para la producción primaria, hasta la llegada del alimento a la mesa del consumidor, incluyendo a todos los proveedores de servicios e insumos en las distintas etapas. La capacidad competitiva de una cadena no está dada por el talento de cada uno de los actores, sino que depende del conjunto de interacciones entre ellos, por lo cual se hace referencia a una red de alianzas verticales, horizontales y transversales (producto, espacio, servicios), fomentando el desarrollo de relaciones comerciales (Gereffi, 2015). 
Las cadenas han adaptado o incluso favorecido la tendencia en la cual, se ha pasado de la lógica de la producción a la lógica de la demanda, es decir con una orientación hacia sus productos, su calidad y forma de producirlos, siendo definida por  los consumidores y los mercados. Ofrece seguridad en la negociación entre los agentes económicos que la integran, facilita los flujos de insumos, productos, información, recursos financieros, logística y comercialización entre proveedores y consumidores finales, satisfaciendo objetivos específicos del mercado (Alvarado, 2005, Fernández, 2011). 
Puede crearse siempre y cuando las empresas tienen una visión compartida y metas comunes, acuerdos y objetivos específicos de mercado para satisfacer las necesidades de los consumidores. De este modo, en conjunto participan en la toma de decisiones, asumiendo tanto riesgos como beneficios. Permitiendo realizar una inteligencia colectiva y cooperativa: estructura de costos, mercadotecnia e información organizacional que se comparte, para aumentar la ganancia y competitividad dentro de la cadena (Gereffi, 2015).
Tanto los eslabones públicos como privados, deben estar dispuestos a compartir información oportuna y transparente, con el convencimiento de que esta será utilizada para mejorar la competitividad de la cadena y no para favorecer unilateralmente a alguien. Las experiencias acumuladas por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), muestran que la clave para lograr una gestión exitosa, es la conformación de una mesa de diálogo que permita la participación de todos los eslabones que conforman la cadena. Esto se ha logrado a través de la creación de cuerpos “colegiados” en los que se analizan sus problemas, retos y amenazas, se logran acuerdos para la acción y se generan propuestas de soluciones (García-Winder, 2009).
4. Redes de empresas
Las redes de empresas, se refieren únicamente a las empresas ligadas entre sí para la realización de un negocio determinado, independientemente de su ubicación geográfica. Pudiendo agruparse en función de la actividad que desempeñan, estas no necesariamente desarrollan todos los pasos que realiza una cadena, limitándose solo a algunos de ellos, vendiendo productos que ocasionalmente son intermedios y no necesariamente finales (Toca, 2014).
Si bien no existe una definición unificada, se pueden considerar tres características importantes para el agente participante en una red: a) autonomía, por lo que el agente puede completar activamente las tareas relacionadas sin interferencia externa; b) adaptabilidad, referida a sus habilidades para percibir y adaptarse al entorno y para estudiarlo, y c) coordinación, que le permite completar de forma conjunta una actividad.
La capacidad de una red no está determinada por un simple agente sino por la inteligencia mostrada por una coordinación mutua entre agentes. Concentrándose de manera particular, en el desarrollo de estructuras de organización, estrategias para la solución de problemas y mecanismos de cooperación y coordinación para un rango de módulos responsables de la solución de problemas.
Existen estudios de redes de empresas, tendientes a optimizar procesos de decisión, que buscan establecer secuencias óptimas a lo largo de una cadena y a conocer la ubicación óptima de sus miembros y desde luego a predecir la conducta colectiva del grupo. 
En el marco de las nuevas economías, el concepto de competencia por el conocimiento, se ha dejado a un lado, favoreciendo a la colaboración y agregación de valor. Cada persona que forma parte de una red, contribuye a la generación de contenidos y a la mejora en las prácticas administrativas. Las experiencias de la red, son capitalizadas por todos los integrantes de la misma, logrando un incremento en la productividad, que debe ser trasladado a la atención y satisfacción de la comunidad (Beristain, 2011). 
5. Inteligencia colectiva
La inteligencia colectiva, es una inteligencia repartida en todas partes, valorizada constantemente, coordinada en tiempo real, que conduce a una movilización efectiva de las competencias, siendo un proceso de crecimiento, diferenciación y reactivación mutua de las singularidades. Siendo su objetivo el reconocimiento y el enriquecimiento mutuo de las personas (Levy, 2004, Toca, 2014).  
Competencia, conocimiento y saber son tres modos complementarios de la transacción cognitiva; cada actividad, cada acto de comunicación, cada relación humana implica un aprendizaje. Las identidades se convierten en identidades de conocimiento, cuyas implicaciones éticas son inmensas: ¿quién es el otro?; es alguien que sabe y que sabe además cosas que yo no sé, como yo, ignora mucho y domina ciertos aspectos, él representa una fuente de enriquecimiento posible hacia mi  propia preparación. Puede aumentar mi potencial y eso en razón de que difiere de mí.  Podría asociar mis competencias con las suyas de manera tal que lograríamos mejorar los resultados juntos que si lo hacemos por separado (Levy, 2004).
El estudio de la inteligencia colectiva en redes puede convertirse, en el corto plazo, en uno de los paradigmas para las ciencias sociales en general y particularmente para la administración. El planteamiento teórico hace referencia que en el largo plazo, la flexibilidad y la robustez emergen de la autoorganización, lo cual lleva a centrar cualquier esfuerzo sobre la exploración de los asuntos de este último atributo. Bajo esta premisa los asuntos de autoorganización que fácilmente pueden ser estudiados mediante reactivos en una red empresarial; información y comunicación; liderazgo y potencial creativo; pertenencia y autonomía; acción colectiva y cooperación; interacción, y libertad y diversidad (Toca, 2014).
La autoorganización requiere de libertad y diversidad; siendo fundamentales el reconocimiento, respeto y conciencia de las diferencias existentes entre los individuos; las diferencias, los desacuerdos y la heterogeneidad en el actuar no son asuntos negativos, sino que, por el contrario, en ciertas situaciones resultan convenientes.
Para lograr una acción colectiva y cooperativa es indispensable pensar en colectivo, lo cual  implica que al tomar decisiones en una empresa se considere el impacto que podría tener sobre las otras empresas de la red, y la sanción social sobre quienes no colaboran en la consecución de beneficios colectivos, lo cual contribuye a la consolidación de  una cultura de cooperación. Las relaciones son fundamentales para lograr la interacción y estas pueden fortalecerse mediante el intercambio de insumos; información, capacitación, presupuestos, etcétera. 
6. Productos ovinos
Los tres productos principales que se derivan del ovino son: carne, lana y leche; además de las pieles como subproducto. Los ovinos contribuyen a la alimentación del hombre,  le proveen fibras o pieles para su vestido y otros usos industriales. Su peso corporal y tamaño son más bien bajos, aunque variable entre razas; junto con la cabra son clasificados como “pequeños rumiantes”.
Dentro del sector ovino en nuestro país se han realizado esfuerzos aislados para entender la problemática a la que se enfrentan los productores, muchos de ellos con cobertura limitada (regional, estatal o municipal),  pudiendo constatar que la mayor cantidad de ovinos está en manos del sector campesino más marginado, carente de poder adquisitivo y alejado de apoyo técnico, que les permitiría acceder a una producción más eficiente y económicamente redituable. Los  esquemas de comercialización (ganado en pie, canal , piel y lana) están poco definidos, interviniendo un gran número de personas desde la producción primaria hasta que el producto llega al consumidor final. Los productores generalmente venden sus animales en pie, antes de someterlos a cualquier tipo de proceso, siendo el peso vivo y la edad, los factores de mayor relevancia para determinar el precio de venta (Gómez, 2006 y Cuellar, 2012).
Entre los problemas que aquejan a la ovinocultura nacional se destaca la pobre eficiencia productiva y reproductiva de los rebaños, durante el año del 2014, México presento un déficit de casi 35,000 toneladas de carne ovina, la cual fue importada, principalmente de Nueva Zelanda, Chile y Australia, tanto de ganado en pie para sacrificio, como en carne congelada. Para aprovechar esta gran demanda de carne se requiere, que el sistema sea competitivo y permita encontrar mecanismos que contribuyan al logro de una cadena de valor más eficiente.
Pocas personas pertenecientes al estrato de la población económicamente activa son poseedoras de ovinos o se dedican a su producción, debido a que los ingresos obtenidos por esta actividad pecuaria difícilmente les permitirían cubrir sus necesidades y las de su familia; por lo cual, requieren realizar otro tipo de actividades para lograr mejores ingresos.
En términos generales los rebaños nacionales son poco homogéneos tanto en cantidad como en calidad. En cuanto a cantidad, debido a la posesión de un reducido número de animales, con un volumen de corderos finalizados limitado y estacional, obligando a la inclusión de introductores que acopien animales, con la finalidad de cubrir las necesidades del barbacoyero . En cuanto a calidad, como consecuencia de la diversidad genética, lo errático de los cruzamientos y la divergencia en el tipo de alimento proporcionado. Existen grupos heterogéneos, donde encontramos lotes de alta, intermedia y baja calidad, siendo pocos los casos exitosos de acopio de corderos de calidad uniforme, que puedan ser comercializados de manera continua en los grandes centros de consumo (Cuellar, 2012).
En nuestro país, la mayor parte de la producción de corderos, tiene por objetivo cubrir la demanda de carne para el mercado, estando conformada de la siguiente forma: barbacoa 95%, birria y mixiote 3% y cortes 2%. El consumo de los productos cárnicos ovinos está influido por factores económicos, culturales y religiosos, siendo aún muy bajo (700 g /por persona al año) dado que es ocasional y de oportunidad, mostrando diferencias respecto a los productos; el consumo de barbacoa predomina en el centro del país y en las principales ciudades cercanas a esta zona; el consumo en otras formas, como cortes, está asociado al desarrollo urbano y polos de desarrollo turístico e industrial, en donde la capacidad adquisitiva es mayor (Cuellar, 2012).
En México, la ingesta de diversas carnes, en conjunto por persona en la década de los 70´s era de 23 kg.;  para 1990 fue de 34 y en 2012, fue de 63 kg; lo que significa, que en las dos últimas décadas se registró un incremento del 84.5% (29 kilogramos), debido principalmente a la carne de ave al pasar de 10 a 29 kg, 16.8 kg de carne de cerdo y 17.6 kg de carne de bovino. Lo anterior supone, en parte, un aumento en el poder adquisitivo de la población en el periodo señalado. (SAGARPA, 2012).
Debido a que en nuestro país, son cada vez más la explotaciones y empresas que se interesan en el mercado de cortes finos de cordero y al tener éste un gran potencial de desarrollo, es necesario que los productores, transformadores y comercializadores, tengan una idea clara de ¿cuáles son los cortes que el mercado demanda?, con el objeto de identificar y diferenciar aquellos que sean requeridos en nichos muy específicos, diferentes al de la barbacoa y que estén dispuestos a pagar un sobreprecio por este producto (Gómez, 2006).
Durante los años 50´s del siglo pasado México era uno de los principales productores de  lana, sin embargo debido a la caída en el precio a nivel mundial y el uso de las fibras sintéticas, actualmente la trasquila representa un gasto para el ovinocultor (salvo en el caso de la lana fina), que es utilizada en la industria del vestido, la lana gruesa es utilizada para la elaboración de artesanías. La piel es utilizada para vestiduras de varias marcas de autos de lujo y la elaboración de calzado, en especial el ortopédico (Soto, 2010).
La producción de leche, es una actividad incipiente y de bajo volumen, aún no ha sido incluida en las estadísticas oficiales, sin embargo; va en aumento, existiendo asociaciones de productores en los estados de Guanajuato y Querétaro. En comparación con la leche de vaca, la de oveja es más concentrada en grasa y consecuentemente su rendimiento para la producción de queso es mayor.  La producción láctea de ovino en nuestro país se ha encaminado principalmente a la elaboración de quesos de diferentes variedades entre los que se encuentran Crotin, Feta, y Ricotta, los cuales abastecen un mercado que anteriormente solo era provisto por exportaciones de países europeos (Angeles, 2013).
7. Estrategias comerciales
Con base en las fortalezas, recursos y objetivos que tenga una empresa, podrá elegir alguna de las dos estrategias de competitividad descritas por Porter (1982): a. Liderazgo en costos “Commodities“ y b. Diferenciación “Especialidades”.
Entre las características de los negocios de commodities se distinguen; productos uniformes y comparables entre sí, ofrecidos por diversos proveedores, no cuentan con un valor percibido y en consecuencia, ninguna característica que permita distinguirlos, son comprados debido a su precio. Sin embargo, se pueden utilizar mecanismos que permitan influir sobre el consumidor tales como la confianza en la calidad del producto, el trato personal del vendedor, la costumbre, diseño y posibilidades de financiamiento (Cetrángolo,  2014).
Los negocios de especialidades, han tenido un crecimiento significativo durante las últimas décadas; debido a que éstos posibilitan obtener mejores precios y generar elementos competitivos, además de facilitar satisfacer los mercados, los cuales manifiestan un creciente interés por productos de calidad y alto valor, conformados por consumidores exigentes y cada vez mejor informados. Muchas veces el producto es menos importante, que el envase, diseño, servicio ofrecido, marca y/o publicidad y el establecimiento de venta, todos ellos generadores de valor. Esto permite en ocasiones comercializar productos idénticos a distintos individuos y a diferentes precios. La diferenciación del producto permite aumentar el valor y en consecuencia la satisfacción de poseerlo (Alvarado, 2005, Alvarado, 2007, Beristain 2011).
Debido a que el consumidor es la pieza clave de la cadena de comercialización, él es quien determina la demanda y a quien va dirigido el producto. Por ello es importante, conocer sus hábitos de consumo, gustos y preferencias, así como los factores que influyen sobre su elección de compra y la evaluación entre las diversas alternativas disponibles en el mercado, principalmente; calidad, preferencia por los lugares de compra, precios y medios de comunicación (Sañudo, 2006).
Las tendencias recientes de la mercadotecnia, señalan un conjunto de elementos distintivos de los mercados dinámicos actuales, como muy relevantes, en la elección de los consumidores al tomar la decisión de compra, tales como, atributos de diferenciación o enfoque; los nichos de mercado son poco visibles para el público en general pero altamente rentables para las empresas, al generar utilidades. Las estrategias de diferenciación permiten obtener ventajas competitivas y económicas, a través de agregar valor, especialización, atención personalizada, etcétera. Las marcas son un instrumento que influyen sobre el valor percibido, favoreciendo la valoración global que hace el consumidor de la utilidad proporcionada, permitiendo una asociación mental que destaca especialmente la calidad y el origen del producto. Estas estrategias de diferenciación permitirán la colocación de los productos en el mercado con un nivel mínimo de intermediarios, al desarrollar lazos de solidaridad entre productores y consumidores (Alvarado, 2007, Beristaín y Col., 2011, Vargas, 2012).
Los negocios de especialidad requieren de la coordinación de una cadena de valor, con la finalidad de lograr el abastecimiento de materias primas específicas, que permitan el desarrollo de productos altamente diferenciados   La diferenciación no es solamente una estrategia que permite mejorar los precios, sino un mecanismo que permite la sobrevivencia de las empresas, en un mercado altamente competitivo al estar íntimamente ligadas a la innovación (Alvarado, 2007).
En el proceso de diferenciación, las características del producto deben ser percibidas por los consumidores como únicas o superiores, para lo cual existen diversos atributos, encontrando entre los principales; tecnología, imagen, diseño, marca y servicio al cliente.  Es importante mencionar que la diferenciación no permite una alta participación de mercado, debido justamente a que está orientada a satisfacer gustos o preferencias, para lo cual se debe enfocar en un nicho de alto poder adquisitivo (Cetrángolo,  2014).
8. Comentarios finales
La cadena de valor del sector ovino, se  encuentra  poco  articulada, entre los actores que la integran, siendo el común denominador la ausencia de: cooperación, negociación, asociación e instrumentos de intercambio dinámico, lo cual determina el surgimiento de intermediarios y acopiadores, las medidas más apropiadas para revertir esta situación son; fomentar la capacitación y asistencia técnica en todos los eslabones involucrados. Al crear un sector más competitivo,  permitirá atraer nuevos inversionistas, por otro lado se debe recordar que tras cada eslabón siempre habrá un cliente (Alvarado, 2005).
La competitividad se crea y aumenta mediante un proceso de aprendizaje y negociación por grupos colectivos representativos que configuran la dinámica de conducta organizativa; la evaluación y gestión de los recursos humanos, materiales, financieros, tecnológicos y naturales, son primordiales en la toma de decisiones en todos los niveles de la administración pública y privada, por lo que es una realidad que cualquier organización requiere de un sistema estratégico que le ayude a concebir, planear y dirigir sus actividades identificando en cada caso las mejores opciones (Cetrángolo,  2014).
Mediante el uso de la inteligencia colectiva, es posible crear, innovar e inventar a través del desarrollo de tecnologías; sinergias de datos, información, conocimiento, software, hardware y un grupo de personas, quienes aprenden y se retroalimentan con el conocimiento del grupo. Siendo su objetivo encontrar las mejores alternativas a una situación dada, tendientes a la solución de problemas complejos, al compartir conocimientos, análisis, intereses y responsabilidad social (Toca, 2014).
1.-Doctorado en Ciencias de la Administración (Universidad Nacional Autónoma de México)
2.-Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada (Universidad Nacional Autónoma de México) y Academia de Ingeniería de México
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